jueves, 22 de enero de 2015

Consideraciones sobre Correr


   Hoy ya no necesitamos correr, escalar o saltar para sobrevivir como el hombre primitivo obligado a estos ejercicios para cazar y escapar de depredadores. Nos basta con estar parados o sentados  presionando los botones que activan esta máquina de producción e intercambio de fuerza por materia y, como diría Perón, “del trabajo a casa y de casa al trabajo”. Correr así, sino es por cuestiones de imposición médica, se vuelve un acto completamente absurdo.
   En mi caso en particular, todo comenzó hace unos meses: estaba sentado mirando al vacío,  pensando en la muerte y en el misterio que se esconde detrás de ella. Pensaba en Hamlet y en su monologo “ser o no ser”: “Quién querría llevar tales cargas, Gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, Sino fuera por: Temor a algo tras la muerte, la ignorada región de cuyos confines ningún viajero retorna.” Temía ese momento, no el hecho de desaparecer de esta tierra o transfigurar mi cuerpo en otra cosa y mudar mi alma hacia regiones de donde nadie regresa, sino la muerte como fenómeno humano, esa milésima de segundo donde quizás haya una luz al final del túnel o simplemente retornemos a la nada de la que venimos. No lo sé, tal vez la evidencia de mi ignorancia fue, entonces la que me empujo a correr.
   Pero no puedo decir que fue eso lo que me motivó, o abusar de la metáfora “corre para escapar de la muerte” creo que podría haber estado pensando en cualquier cosa: qué cocinar, cómo sacar la mancha del techo, o cuántos puntos debe sacar River en el campeonato para alcanzar a Racing y salir campeón. No es el tema de la reflexión lo que importa aquí sino el hecho de haber estado rumiando sin llegar a nada concreto. A veces me pasa que puedo estar pensando sobre algo y luego de varios minutos me encuentro absorto en otros temas, casi siempre existenciales, que me llevan largas horas de inactividad física y sobreexitación cerebral. Esto no quiere decir que sea una especie de genio, mi IQ no supera al de una persona mediocre que alguna vez leyó un par de libros de filosofía griega: el simple hecho de tener pensamiento no convierte a uno en filósofo (creo que a eso ya lo dijo Kant). Sólo que a veces los pensamientos me dominan y pierdo las riendas. Mis reflexiones que me adhieren como garrapata al cerebro, casi siempre es a la noche por lo que el insomnio es común en mi vida desde que soy adolescente. Pero ese es otro tema. Volvamos.
   Ahora bien, tampoco comencé a correr por cuestiones de salud, para bajar de peso, o porque esta de moda;  ni siquiera para probar a ver qué onda. Podría decirse que me inicié como Forest Gump cuando diezmado por un nuevo abandono de una impredecible Jenny  salió a correr por todo el Estado de Alabama. Recuerdo la escena cuando en medio de esta Maratón de varios años los periodistas le preguntan si corre por la paz mundial, por los derechos de la mujer o por la guerra, y el responde “sólo tenía ganas de correr”. A diferencia del personaje interpretado por Tom Hanks, yo solo corro algunas cuaderas y vuelvo a mi cas, pero igual que Forest yo también solo tenía ganas de correr.

    Y lo dejamos ahí. Las ganas son deseos y éstos son el combustible de toda vida humana. Casi siempre el hombre común y silvestre, el asalariado, ve truncos sus deseos por diferentes motivos, entre los que predomina la falta de dinero y tiempo, y podemos dejarlo en falta de dinero solo ya que éste compra tiempo también.
    Pero el deseo de correr se puede satisfacer fácilmente, no se necesita más que una hora o treinta minutos, un buen par de zapatillas y un circuito no muy irregular (si tiene paisaje natural mejor) sin tantas pendientes como para empezar sin esforzarse mucho y sin tantos semáforos para no perder el ritmo; una botellita con agua de esa que sale de la canilla y nada más. En mi caso como soy un animal social no muy prestigioso, ni adinerado, mis ganas de correr me vinieron como anillo al dedo: “ah eso sí lo puedo hacer”, pensé y salí. 
Desde entonces salgo a correr todos los días una hora, antes y después de esa hora camino 15 minutos, por lo tanto el ejercicio me ocupa una hora y media más o menos si no es que pierdo otro tiempito mirando el río y minas. Pienso que el día que encuentre algo que me haga sentir mejor capaz lo deje, por ahora correr me hace sentir bien, contento y me ayuda con el estrés típico de un hombre moderno.
  Como no tengo ninguna intención de convencer a la gente a salir a correr y ser una especie de pastor del deporte aduciendo que es bueno para salud y etc, etc; solo diré es un acto como cualquier otro, nadie se hace más bueno o más malo porque corre, así como estoy hablando de correr, también puedo referirme a cocinar, dormir o trabajar. Cada acto humano en sí tiene un propósito y sus respectivas consecuencias, la sustancia de todo esto es el hecho de buscar en cada situación cotidiana la raíz de la cosa, hacer de cada experiencia una escuela de la que luego se pueda salir victorioso y más o menos completo. No quiero ser un fundamentalista del deporte porque no sé mucho sobre eso, no me leí el Corán de Nike o Adidas, sólo quiero tomarlo como una experiencia en sí, nueva y que ayuda a crecer pero sabiendo que como todo, es pasajera, y hay que aprender a dejarlas atrás o adentro de cada uno, según el lente poética desde donde se la mire.

   Encontré dos videos en youtube: uno, muy interesante y breve, que describe qué músculos trabajan cuando se corre y cómo trabajan (lo adjunto) y otro que te muestra “cómo correr de manera correcto”.  A este último recomiendo no verlo, como toda actividad social masiva, el correr también tiene a sus policías. Si salís a correr te vas a ir dando cuenta solo de tu “manera correcta”, porque verán, parafraseando a Homero Simpson, correr es como comer una naranja, “¡ya comete la maldita naranja”!

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