No podía dormir y me puse a escribir:
Frank Underwod, el congresista Maquiavélico de la serie de Netflix “House Of Cards”, una vez que tiene al presidente de los Estados Unidos entre sus manos como si tuviera una presa a punto de caer en la trampa, le aconseja dormir, echarse una siesta, mientras se ocupaba de los problemas que aquejaban a su gobierno y que él mismo había generado, el presidente es persuadido y se acuesta de espalda en el sillón de su oficina, cierra los ojos y suspira. Frank, con mirada soberbia y un tono de voz repulsivo, mira a la cámara y dice:
"Siempre he detestado la necesidad de dormir. Al igual que la muerte, pone incluso a los hombres más poderosos de espaldas".
Y recuerdo palabras de Carlos Alberto García Moreno alias Charly García, que decía que no entendía la costumbre de dormir la siesta,es una estupidez, como querer suicidarse por segunda vez en el día.
Ambos parecen coincidir en considerar el hábito de dormir como una imposición humana que molesta a quienes están preocupados en cosas más trascendentes como llegar a la presidencia de los Estados Unidos o crear piezas musicales, en apariencias, brillantes.
Aunque lejos me encuentro de estar ocupado, ni siquiera preocupado, en realizar obras monumentales que perduren en el tiempo, yo también pongo en duda la costumbre de dormir y a partir de ahí se abre una puerta al insomnio de la que quizás nunca se vuelva.
¿Habrá alguien en el mundo que duerma cada 48 horas y no 24 como todos? Sí, quien escribe.
"Con el insomnio nada es real. Todo está lejos. Todo es una copia de una copia de una copia."
¿Habrá alguien en el mundo que duerma cada 48 horas y no 24 como todos? Sí, quien escribe.
"Con el insomnio nada es real. Todo está lejos. Todo es una copia de una copia de una copia."
Envidio con las tripas a las personas que apoyan la cabeza en la almohada y se duerme al acto y ya nada los despierta. En mi caso, antes de siquiera intentarlo debo cumplir con todo un ritual: primero debo fumar un cigarrillo, ahí cuando el tabaco relaja mi sistema nervioso es cuando debo aprovechar, me cepillo los dientes, bebo un sorbito de agua, una meada y a dormir. Si no concilio el sueño rápido el efecto relajante del cigarrillo se va y así vuelven mis pensamientos sobre cosas intrascendentes y ya no me duermo, me levanto al baño, tomo un vaso de agua y me acuesto a pensar hasta que sale el sol y solo ahí es cuando logro dormir para levantarme luego de unas horas totalmente fatigado.
Escuché en la radio que el hábito del sueño se originó cuando el Homo erectus, antes de que descubriera el fuego, se ocultaba para protegerse de la dura oscuridad por temor a que lo sorprenda algún animal salvaje, y así esperando que vuelva la luz del día en alguna cueva pegaba dos cabeceada y se dormía. Esto me hizo pensar que el hábito de dormir de noche se estableció de manera arbitraria, no por necesidad interna, del cuerpo, y que tal vez algunos estamos hechos para dormir de día y que la noche es nuestro momento para estar despierto.
A la madrugada puedo sentir los engranes cerebrales moverse y los pensamiento comienzan a fluir como el humo que sale de la chimenea de un tren (si es que los trenes siguen teniendo chimenea).
Cuando sale el sol, en cambio, mi organismo emprende otro proceso: me siento atacado por un hambre que me ahueca la panza como un pozo de agua seco y tengo que comer algo sí o sí, luego de saciada está necesidad (casi siempre con lo que sobró de la cena) me invade el sueño y caiga rendido. En época de trabajo esto es un problema, porque tengo que seguir despierto para ir a cumplir con las labores diarias, verme con gente, ser sociable y hasta graciosos, hacer la cola en el banco y discutir con el colectivero que se demoró 10 minutos en pasar, pedir disculpa en el laburo por llegar tarde, etc, etc. Así que me lavo la cara, desayuno y salgó. Paso el día entero fatigado, poco sociable, colérico, susceptible, frustrado, expulsado de la realidad. Todo me resulta extraño y lejano, y la única solución es dormir. Dormir no sólo para descansar sino para integrarme a la sociedad, para no ser devorado por el hombre moderno que me pide lucidez y sociabilidad.
Pruebe usté y verá, Pase una sola noche sin dormir y vera el estado absoluto de anomia que es la vida, una verdadera mierda.
Cuando sale el sol, en cambio, mi organismo emprende otro proceso: me siento atacado por un hambre que me ahueca la panza como un pozo de agua seco y tengo que comer algo sí o sí, luego de saciada está necesidad (casi siempre con lo que sobró de la cena) me invade el sueño y caiga rendido. En época de trabajo esto es un problema, porque tengo que seguir despierto para ir a cumplir con las labores diarias, verme con gente, ser sociable y hasta graciosos, hacer la cola en el banco y discutir con el colectivero que se demoró 10 minutos en pasar, pedir disculpa en el laburo por llegar tarde, etc, etc. Así que me lavo la cara, desayuno y salgó. Paso el día entero fatigado, poco sociable, colérico, susceptible, frustrado, expulsado de la realidad. Todo me resulta extraño y lejano, y la única solución es dormir. Dormir no sólo para descansar sino para integrarme a la sociedad, para no ser devorado por el hombre moderno que me pide lucidez y sociabilidad.
Pruebe usté y verá, Pase una sola noche sin dormir y vera el estado absoluto de anomia que es la vida, una verdadera mierda.


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